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martes, 4 de noviembre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte XI

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Los chamizos son realmente terribles para gastar toda clase de bromas; las personas se alejan prudentemente de ellos para no ser víctimas de sus ocurrencias.


Los chamizos andan en búsqueda del audaz comunero que trate de robarles la novia, si es que logran ubicarlo y tenerlo entre sus manos, es más que seguro que le lloverán palos.


Chamizo, en la puerta de la iglesia, aprovechando un momento de descanso para tomarse esta fotografía con una apasionada fan.


Grupo de chamizos y familiares, posando en modo retrato, para perennizar los recuerdos de estas fiestas.


Mientras muchos bailan y siguen brindando en la Plaza, algunos otros se encuentran cenando aunque sea en la puerta de la casa con tal de no perderse detalles de la fiesta.



Bonita foto teniendo como fondo el promontorio que divide a las comunidades de Ccecca y de Ishua.


Don Vidal Meza mostrando cómo deben ser prendidos los billetes en el pecho del mayordomo, este gesto es una demostración de respeto y agradecimiento a la persona que se encuentra pasando "cargo".


De igual forma, su hija hace lo propio con la señora del mayordomo; de esta manera se hace patente el agradecimiento por la atención recibida así como se ayuda en cierta manera a solventar los gastos efectuados.


La Virgen de Cocharcas en procesión por la Plaza del pueblo acompañada por todo el pueblo, después hará el recorrido por la diversas calles adyacentes a la Plaza de Armas.


Momento en que la imagen venerada va a ser guardada por vez primera, luego de dos días nuevamente saldrá en procesión para bendecir a su pueblo.

** Fotos: Jackie Tito Meza

miércoles, 29 de octubre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte X

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Un reparador alimento cae de perillas para estos cuerpos cansados, los cuales durante todos estos días han estado visitando casas, ramadas, caminando, subiendo y bajando por diversos lugares y todo en medio de un sol abrasador.


Quien diga a estas alturas que no tiene hambre debe ser porque es marciano; aquí todos los presentes saborean las bondades preparadas por la casa del carguyoc para la ocasión. Sopa tradicional, o de fideos o de mote o lawa de maíz, todo es bienvenido... y gratis.


Obviamente, el cargonte tiene que hacer los honores de casa, aunque esté reventando de tanta comida probada a lo largo del día.


El caballero encargado del servicio (Mr. Cuchi) observa que todos los asistentes estén debidamente atendidos, aquí todos sin excepción, probarán la sazón de la casa.


En un paréntesis, dialogando y comentando acerca las ocurrencias de la fiesta, infaltable, la tetera rebosante de chicha de jora espera en la mesa.


Afuera del recinto, reflejando en los rostros el cansancio producto del trajín de estas fiestas, algunos visitantes, esperan sentados en cualquier lugar a la espera que todos los cargontes se dirijan hacia un lugar determinado, de paso aprovechan para plasmar algunos recuerdos.


Los chamizos entran en escena, esta vez invitan al cargonte a partipar con ellos. De buena gana, el carguyoc acepta las chanzas que estos personajes producen.

Después de haber ayudado con un entusiasmo digno de imitar, las viajeras consideran que es tiempo de diversión, es tiempo para el rélax y como tal, se dirigen en ronda hacia la Plaza.


Acompañados por las bandas musicales, recorren toda el perímetro de la Plaza en medio de un tráfago de cohetes, música y acompañados de la polvareda que se levanta en esta temporada estival.

** Fotos: Jackie Tito Meza

lunes, 27 de octubre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte IX

 

La multitud, espectante, espera el reinicio de la ejecución de los temas o huaynos para nuevamente salir a bailar; la cantidad de personas concurrentes hacen que el recinto se torne  pequeño para acoger tal congregación de almas..


Mientras tanto, a seguir repartiendo refrescos porque lo que van a faltar en estas tardes son manos y ayuda, bastante ayuda para repartir tragos y vasos de chicha de jora.


Doña Ana Espinoza Urbano observando que se sirva en la justa medida los vasos de aja. Con tantas personas esperando servicio es bueno ir calculando la disponibilidad del líquido refrescante. 


Los negritos prosiguen con su letanía de danzas y versos, mientras el capataz, atento a cualquier detalle, se encuentra alerta para no volver a recibir los chicotazos de rigor.


Nietas y abuelos se confunden en estas fiestas, el entusiasmo desplegado por las jóvenes para ayudar con el servicio, llena de satisfacción a los integrantes de la vieja guardia, a ellos también se les sirve la refrescante bebida.


Visitando la casa de uno de los cargontes, y, desde la entrada, los negritos con su canto están anunciando que ya se encuentran listos para ingresar a este recinto.


El resto de acompañantes espera a que ingresen primero los cargontes, capataces, músicos y negritos, luego harán lo propio todos ellos.


Dentro de las instalaciones de este hogar, manos entusiastas ya se encuentran sirviendo el potaje que suele brindarse en estos casos, podrá haber ciertas carencias físicas mas las ganas por atender a todos los concurrentes es a todas luces evidente.

** Fotos: Jackie Tito Meza



lunes, 20 de octubre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte VIII

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Pasado el rigor de los chicotazos con el cual se hizo recordar a todos los presentes, que las tradiciones se cumplen en estas tierras, llega la oportuna tarde de baile para todos los asistentes.


Prosigue la fiesta para todos, quien así lo desee puede salir salir a alternar con invitados o con cualquier persona; todos festejan, todos ríen, inclusive aquellos que han recibido la llamada de atención y aun mantienen sus posaderas algo adoloridas.


Retornando otra vez al pueblo, a las calles, a las rondas al atardecer; estas fiestas son para cargar las baterías o los ánimos de un año hasta que en Septiembre próximo algunas personas pasen otra vez los diversos cargos que componen estas fiestas. 


Con el cansancio reflejado en las actitudes de las personas que conforman la ronda, la fiesta prosigue sin tregua, esta vez se trata de visitar otra ramada o casa. El sol sigue calcinando sin piedad alguna a todos los asistentes, para contrarrestar eso está la fresca y agradable chicha de jora.


Bajo el cobijo de otra ramada, descansan breves momentos mientras observan cómo otros olvidadizos reciben los chicotazos de rigor por la falta cometida en estas fiestas; siempre es así, tarde o temprano a las autoridades o capataces se les pasa un detalle y ¡Zas! al paredón, a recibir el memorex de cuero trenzado para que no vuelvan a olvidar los detalles que se deben cumplir en  estas fiestas.


Entusiastas jovencitas ayudando a repartir la refrescante bebida hecha a base de jora, mientras los embelesados caballeros dispuestos hasta recibir veneno si es que provienen de sus manos, mientras otra joven espera con los vasos de traguito que animarán a los asistentes...


 A estas alturas de la tarde, sólo una chicha fresquita puede combatir el agobiante calor, con que anhelante paciencia esperan su respectivo vaso de aja pito.


Tarde de fiesta, tarde de alegría. Todos reunidos y acompañados por los músicos que componen las diversas cuadrillas mientras, al fondo, se nota una ramada.

Fotos: Jackie Tito Meza
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miércoles, 15 de octubre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte VII

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Bailando en medio de cultivos, entre tunas y molles; peculiar estampa que muestra las costumbres de los pueblos escondidos que aún mantienen la vigencia de sus costumbres.


Cualquier lugar es bueno para bailar, si acaso el terreno está desnivelado no faltará una mano amiga para halar las personas hacia el terraplén del baile.


Mientras tanto, los amigos y familiares del mayordomo socorren con agradables y generosos vasos de chicha de jora a los sedientos asistentes.




Hay de todo como en botica; comida, trago, gaseosas, buen ambiente, excelente sol y agradable sombra. Todos expresan su satisfacción por el ambiente favorable en el que se desenvuelve esta reunión.


El mayordomo, esperando dentro de su ramada, recibe el saludo de las cuadrillas de negritos capataces; los cargontes de estos danzantes también brindan su respectivo cañazo con el mayordomo; en esta tarde de fiestas, mas de un asistente terminará con una borrachera de antología; es que el ambiente festivo, la buena música y el cariño recibido por parte de amigos y familiares conducen a un estado de felicidad exultante.


Ya lo comentábamos anteriormente: si algún capataz o autoridad no sigue los procedimientos estipulados o no cumple con las condiciones que mandan las costumbres seculares de estas fiestas, recibe un castigo por tal falta; el chicote o San Martín de tres puntas cumple con severidad su función, no interesa si la persona castigada es de edad tierna o longeva, en estos asuntos tradicionales todos se mojan bajo la lluvia parece ser el dicho.


"Para otra vez cumple con los cánones que establece la tradición" - parece expresar el gesto de don Vidal Meza a la persona que va a ser reprendida por su falta y, como la letra con sangre entra, unos buenos chicotazos refrescarán la memoria del olvidadizo.


A pesar de ser una autoridad elegida, don Mamerto recibe los fuetazos para que en otra ocasión no se olvide de seguir con las tradiciones; al señor castigado solo le queda apretar bien los dientes para que no se le escape un ay traicionero y salir volando a comprar algún unguento para el escozor.

Fotos: Jackie Tito Meza






sábado, 11 de octubre de 2008

Viaje a Ishua 2008 - parte VI

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El inclemente sol ataca a todos por igual, acaso con más fuerza a aquellas personas que se encuentren abrigadas como es en el caso de los músicos cubiertos de gruesos ponchos. El cargonte, familiares e invitados, prosiguen impertérritos su marcha bajo el sol, acompañando a los negritos y músicos.


Visitando la ramada de alguna persona que está pasando un determinado "cargo", pueden tratarse de mayordomos u otros. En cada ramada permanecen y acompañan al oferente mientras a la vez que muestran sus yanacoyundas así como reciben los honores de las bandas musicales.


De regreso a la casa, después de un reparador almuerzo, los negritos están nuevamente listos para visitar ramadas o casas, el capataz designado para ello, totalmente sobrio y sin ninguna traza de haber bebido alcohol (a lo sumo, chicha de jora), observa detenidamente los acontecimientos para que todo se realize de acuerdo a las costumbres.


De vuelta a las calles, a seguir bailando y tocando para el pueblo; nuevamente en cada esquina la consabida rueda y la respectiva danza, el sol prosigue su marcha inexorable hacia el atardecer pero no por ello otorga un respiro a todas las personas que están acompañando a los negritos. Cubiertos de polvo y quemados por el sol, prosiguen con las tradiciones.


Rumbo a las afueras del pueblo, en dirección a Quichka, casa donde reside el mayordomo de estas fiestas, don Demetrio Asto; a pesar de estar a un par de kilómetros de distancia, no es óbice alguno para que todos los fervientes se dirijan a presentar sus respetos; mientras tanto, el sol ayacuchano clava sus fauces de calor en cada nuca de los asistentes..


Por fin, dentro de la ramada del mayordomo, ¡qué frescura, qué sosiego! Libres, al fin de tanto padecimiento a causa de la marcha bajo el sol y un descanso para los pies adoloridos. Aquí descansa fresca y dulce, la rica chicha de jora en espera de ser probada; el traguito respectivo para componer el espíritu y una amena tarde para bailar al compás de arpa y violín.


Todos buscan la ansiada sombra que dan los característicos molles del pueblo, cada quien busca el mejor lugar si es que no alcanzaron a estar en la mesa de honor; en esta ocasión la ramada se encuentra en plena chacra y por consiguiente es más facil conseguir un lugar fresco desde donde apreciar a las bandas y negritos.


La fotografía muestra sin lugar a dudas, que para conseguir un poco de sombra o cobijo, no interesa el lugar, cualquier piedra, cualquier tronco, cualquier cerco sirven de mullido asiento para esos cuerpos adoloridos.

Esbelto capataz, exhausto por las marchas efectuadas en estos días descansa a la sombra de los molles: negro por el frío de la noches y tostado durante el día por el implacable sol de nuestra región; quizás su idea inicial al comienzo del viaje fue broncearse un poquito durante estas fiestas mas todo terminó cuando algún familiar lo designó capataz para cuidar y velar por las costumbres de los negritos danzantes; pobre de él que no cumpla su cargo de acuerdo a la tradición, el tayta San Martín de cuero trenzado y tres puntas lo va estar esperando.

Fotos: Jackie Tito Meza